Intersex: la I no es de invisible.

(nota: la persona detrás de este post es diádica, pero este tema le parecía demasiado importante y poco tratado en el activismo como para dejarlo pasar. Todo el material se basa en traducciones de medios que sí han sido escritos por personas intersex, me responsabilizo de todos los errores que haya. No se ha utilizado la palabra “intersexual”, ya que en el activismo inglés se reniega de esta palabra, porque hace parecer una sexualidad a este rasgo. TW: menciones a genitales, cirugía “correctiva”, y a términos de “sexo biológico”. Se trata el binarismo sexual sólo desde el punto de vista occidental/médico.)

¿Qué es intersex?

Intersex es un término paraguas que incluye a todas las personas cuyos órganos reproductores o sexuales al nacer no encajan en las categorías típicas de “macho” o “hembra”. Por ejemplo, una persona puede nacer pareciendo hembra por fuera, pero con parte del sistema reproductivo testicular. O con genitales a medias de las categorías binarias de sexo, por ejemplo, un clítoris grande, falta de apertura vaginal, un pene muy pequeño, o un escroto dividido similar a la labia. O con mosaico genético, en las que parte de sus células tienen cromosomas XX y las otras cromosomas XY. Este hecho no siempre se manifiesta en el nacimiento: una puede darse cuenta durante la pubertad, la adultez, o incluso puede no saberse hasta su muerte, durante su autopsia.

Se tienen visiones muy divididas sobre qué realidades corporales “cuentan” como intersex. La razón es simple: no es una categoría biológica sino social. Es decir, es una categoría social que expresa variaciones biológicas. Para explicar esto mejor, podemos asemejar el espectro sexual al espectro de colores. No hay duda de que en la naturaleza hay distintas ondas que se traducen en colores que la mayoría de nosotras vemos como rojo, azul, naranja, verde… Pero la decisión de distinguir entre, por ejemplo, naranja y rojo, sólo se hace cuando lo necesitamos, por ejemplo, al pedir un color particular de pintura. A veces, la sociedad nos lleva a hacer distinciones que de otra forma nos parecerían irracionales o incorrectas, por ejemplo, cuando llamamos “persona negra” o “persona blanca” a ciertas personas, cuando no son necesariamente de ese color, como habitualmente usaríamos el término. De la misma forma, la naturaleza nos presenta un espectro en la anatomía sexual: los pechos, los penes, los clítoris, los escrotos… varían en forma y tamaño en las personas. También los cromosomas lo hacen. Pero en las culturas humanas, las categorías sexuales se simplifican en macho, hembra, y a veces intersex, con el fin de simplificar las interacciones sociales.

Por ello, no es la naturaleza la que decide cuándo acaba la categoría de intersex acaba y las de macho y hembra comienzan. Son las personas (las médicas, normalmente) quienes deciden cómo de grande tiene que ser un pene, cómo de inusual debe ser una combinación de órganos, para “contar” como intersex. Somos nosotras quienes decidimos si una persona con cromosomas XXY, o cromosomas XY e insensibilidad a los andrógenos, “cuenta” como intersex.

Auténtica escala utilizada en la asignación de sexo a bebés.

Más allá de limitar qué criterios hacen de alguien intersex, este activismo trata de normalizar y despatologizar todos estos cuerpos, para que nadie tenga que vivir avergonzada por su anatomía, ni sometida a criterios ajenos sobre ella.

Al no existir criterios universales sobre qué convierte a alguien en intersex, es imposible dar una cifra de la cantidad de individuos con estas características, pero se estima que al nacer, 1 de cada 1500-2000 personas lo son. Esto hace a esta categoría tan común aproximadamente como el pelo rojo.

Patologización y cirugías no consentidas

Algunas de las circunstancias que pueden hacer de una persona intersex se encuentran bajo la denominación DSD: Disorders of Sexual Development. Sin embargo, esta clasificación es incorrecta, ya que refuerza la creencia de que las personas intersex deben ser “arregladas”, y promueve su estigmatización y la medicalización de sus cuerpos.

Históricamente (en los países occidentales), al bebé se le había asignado un género, que era aceptado por la familia y con el que se le socializaba. Las cirugías “correctivas” comenzaron en el siglo XIX, cuando personas adultas comenzaron a pedirla para que sus genitales se alineasen con los típicamente asignados a su género. Fue en el año 1950 cuando John Hopkins comenzó a promover la cirugía en los bebés, bajo el supuesto de “cuanto antes se arregle mejor”, por supuesto, sin pruebas, y no cuestionado por una sociedad en la que eran normales las redadas en los bares de ambiente.

Esta cirugía es problemática porque, además de no ser médicamente necesaria, es coactiva, no es consentida, y es extremadamente invasiva. Refuerza la creencia de que los cuerpos que no se alinean en el binarismo sexual están “fallados”, y tiene efectos psicológicos catastróficos en las personas en las que se realiza. No es justo que la medicina tenga la potestad de invadir el cuerpo de un bebé y destrozar sus genitales en aras de mantener la “normalidad”. Es una violación del artículo 17 de la Declaración de Derechos del Niño, que asegura que “todo niño debe poder acceder a información procedente de diversas fuentes (…) especialmente la que tiene por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental”. Se viola al no dar información al infante sobre su circunstancia, que incluso se les oculta, y los riesgos que esta operación supone. Muy a menudo, sólo descubren el hecho de que son intersex cuando la operación comienza a dar problemas. También viola el derecho del infante a la autonomía corporal. Aunque se presupone que serán las progenitoras quienes deciden si llevar a cabo la cirugía en una edad tan temprana cuando el bebé no dispone de juicio, muy a menudo ni siquiera ellas disponen de esta información, ya que el hecho de que el infante es intersex les es ocultado, y la operación es realizada sin su permiso. Además, los genitales que ha reproducido la cirugía no tienen por qué alinearse con el género real del infante, llevando muy a menudo a segundas reconstrucciones genitales que no hubiesen sido necesarias. A menudo son percibidas por las personas intersex como abuso, especialmente las realizadas con fines de investigación. La medicina nunca ha dado pruebas de que sea beneficioso someterse a este procedimiento, en cambio, muchas personas intersex luchan activamente por acabar con ello por sus catastróficos efectos físicos y psicológicos.

Esta cirugía es legal en todos los países menos en Malta.

Intersex y género

A las personas intersex, como las diádicas, se les asigna un género al nacer. Por ello, si una persona intersex se identifica con ello, es cis; si no, es trans. No todas las personas intersex son trans por definición.

Aun así, existe un género especial para las personas intersex: intergénero. Es un género alineado intrínsecamente con la experiencia intersex, de modo que sólo puede ser usado por ellas.

Bandera intergénero.

¿Qué quiere el activismo intersex?

Una de las principales preocupaciones de las activistas intersex es el cambio de tratamientos basados en la ocultación en infantes intersex, a tratamientos basados en las circunstancias concretas del paciente. Por ello, se apoya que sólo se lleven a cabo tratamientos médicamente necesarios, y que el apoyo y la educación al infante y a las demás prevalezca antes que la ocultación de información, la vergüenza y los procedimientos invasivos.

Otras demandas incluyen:

  • No ser fetichizadas ni hipersexualizadas.
  • Ser tratadas como personas reales y diversas, no sólo como ejemplos cuando les es conveniente a quienes teorizan sobre el género y el sexo.
  • La posibilidad de identificarse como intersex, en lugar de como “macho” o “hembra” (posibilidad que sólo existe en Alemania, y que da muchos problemas, por ejemplo, a las personas que se identifican como intersex no se les permite casarse).
  • Terminar con el estigma que conlleva su circunstancia y normalizar sus cuerpos.
  • Una mejor educación sobre las personas intersex a las profesionales médicas, que lleven a tratamientos apropiados.
  • Mayor apoyo psicológico para las infantes intersex y sus familias.
  • Considerar los cuidados médicos y sexuales de mayor importancia que el ajuste a la normalidad en los tratamientos a las personas intersex.

Bandera intersex (evitar el uso de la bandera h*rmafrodita, o de la bandera de la organización OII, amarilla con un círculo morado: a pesar de ser una organización intersex, la bandera no es una bandera para toda la comunidad)

¿Qué pueden hacer las aliadas?

  • Empezar conversaciones sobre intersex, recordando que el activismo en este sentido prioriza la discusión sobre los abusos a los derechos humanos que sufren antes que su uso como peones en teorías de sexo y género.
  • Ser inclusiva con las personas intersex en espacios de activismo, desde los mismos acrónimos: LGTBI+ en vez de LGTB+, o GSRDI en vez de GSRD.
  • No utilizar para referirse a personas intersex como “h*rmafroditas”, es un insulto, como puede ser “m*ricón”.
  • Visibilizar la circunstancia intersex dando voz a sus experiencias, contactando a personas o asociaciones intersex para charlas…o dando like a páginas en Facebook, reblogs a sus posts en Tumblr, o compartiendo vídeos de Youtube sobre el tema.
  • Aprender sobre intersex a partir de gente intersex: leer sus páginas, libros, y recursos.
  • No asumir que ser intersex es una condición médica: evitar las palabras “síndrome”, “enfermedad”, “anomalía”… hablando de este hecho (muchas personas utilizan “variaciones intersex”).
  • Al hablar con una persona intersex: reconocer que este hecho puede ser o no parte de su identidad, comprobar si están cómodas hablando del tema y recordar que no es responsabilidad suya estarlo ni educar a nadie, formular las preguntas o afirmaciones sobre intersex de forma respetuosa, y no preguntar cosas extremadamente invasivas (recuerda que si en una persona diádica o trans las preguntas sobre genitales no son aceptables, en una persona intersex tampoco).

By @lvngomare

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